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Estudian biomarcadores en pacientes con la enfermedad de Chagras, que afecta a millones de personas

Por Edmundo Olivares Alcalá

El parásito Trypanosoma cruzi (T. cruzi), es el agente causal de la enfermedad de Chagras (o tripanosomiasis americana), un padecimiento que afecta aproximadamente a ocho millones de personas en el mundo, principalmente en América Latina, registrándose cada año cerca de 15 mil muertes.

La enfermedad que fue descrita en México en 1940 y se encuentra ampliamente distribuida en nuestro país debido a que los vectores hematófagos de la familia Reduvidaee (como la chinche besucona), que transmiten al parásito o agente causal (T. cruzi), se hallan en dos terceras parte del territorio nacional, en todas aquellas zonas ubicadas entre cero y dos mil 200 metros sobre el nivel del mar.

Aun cuando se han puesto en marcha estrategias para controlar su transmisión o proporcionar un tratamiento para la infección en su fase aguda, esto ha sido insuficiente.

Un equipo de científicos que incluye a la doctora Matilde Jiménez Coello, del Centro de Investigaciones Regionales “Dr. Hideyo Noguchi”, dependiente de la Univestidad Autónoma de Yucatán -en estrecha colaboración con la Universidad de Texas Medical Branch-, trabaja en la determinación de biomarcadores tanto de inflamación, como de estrés oxidativo, así como de marcadores cardiacos en pacientes seropositivos a la enfermedad de Chagras.

Debido a la importancia para generar suficiente información que sirva para dar mejores herramientas de diagnóstico para una correcta valoración clínica, la investigadora fue elegida como una de las ganadoras de las Becas para Mujeres en la Ciencia L´Oréal-UNESCO-AMC 2014.

“Es muy relevante la identificación de estos biomarcadores,  ya que al establecerse su asociación con esta patología podrán ser utilizados para una valoración clínica que permita establecer mayor información para la prognosis (predicción sobre el desarrollo de una enfermedad) de los pacientes infectados, así como monitorear estos biomarcadores durante y después de un periodo de tratamiento”, dijo la científica.

Los pacientes infectados con T. cruzi por lo general pasan por tres fases: una fase aguda, la cual dura entre 15 y 35 días, seguida de una fase indeterminada, en la que no hay signos clínicos aparentes pero los pacientes pueden ser diagnosticados a través de la identificación de anticuerpos específicos, y tras esta etapa, que puede tardar de 10 a 30 años, entre el 10-30 por ciento de los pacientes infectados pasan a una fase crónica, en la que se presenta daño a varios órganos, especialmente el corazón y el sistema digestivo.

El instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos informa que el número documentado de casos de tripanosomiasis americana en México no han disminuido durante la última década, y que en el estado de Yucatán la prevalencia de la infección por este vector en seres humanos es de 5-18% en diferentes poblaciones estudiadas.

El principal responsable para la transmisión de T. cruzi es el insecto conocido como Triatoma dimidiata (conocida también como chinche besucona) que se distribuye por toda la Península de Yucatán y tiene una adaptación a varios ecosistemas, como pueden ser zonas rurales y urbanas, jardines, terrenos baldíos, lo que favorece la transmisión del parásito.

A pesar de su amplia distribución, no hay medidas formales de control para evitar la presencia de estos insectos en el entorno doméstico, a lo que se añade la falta de comprensión del público sobre el riesgo de transmisión de la enfermedad de Chagras por este vector.

En Yucatán, tras realizarse pruebas de caracterización in vivo de T. cruzi, han demostrado tropismo (migración del parásito) significativo hacia el tejido del corazón, por lo que los pacientes infectados en esta entidad tienen mayor probabilidad de desarrollar enfermedad cardíaca.

“Junto con mi cuerpo académico y la doctora Nisha Garg, de la Universidad de Texas Medical Branch estamos trabajando en la identificación de posibles biomarcadores tanto de inflamación, como de estrés oxidativo, así como también de marcadores cardiacos en pacientes cero positivos a la enfermedad de Chagras, que puedan ser diferenciales de los individuos sanos o afectados por otras patologías”.

“Es relevante desarrollar estrategias que permitan identificar a estos biomarcadores para poder monitorear el desarrollo de lesión cardiaca en pacientes seropositivos, para que con ello se puedan establecer estrategias terapéuticas orientadas a aminorar el daño ocasionado en los pacientes por el desarrollo de miocarditis, que es la lesión recurrente ocasionada por las cepas presentes en México”, dijo.

“Nuestro objetivo final sería que pudiéramos demostrar la presencia de estos biomarcadores, en pacientes chagásicos, -primordialmente- de nuestra zona, y saber en qué concentraciones se encuentran dependiendo de la etapa de la enfermedad, para generar información útil para el médico, pero sobre todo para el paciente”.

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